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Los dardos mortíferos de un bebé: Pavel Pardo.

Por Héctor Hernández.
El nacido en Guadalajara, fue contratado por el América para la temporada de Invierno 1999, justo cuando terminaba el viejo siglo, y cuando se dieron una serie de cambios con las Águilas, tanto en la dirección técnica como en la presidencia.
Llegó de los Tecos de la UAG siendo crack, seleccionado y mundialista. Lateral derecho que tenía una técnica individual como muy pocos, y que por lo mismo, muy poco duró jugando en esa posición debido a que le vieron las suficientes cualidades como para poder desarrollarse en la media cancha, en la contención para ser más preciso.
Fue ahí donde dio sus mejores partidos en el mucho tiempo que jugó en el equipo de Coapa y siempre demostró su entrega y pundonor.
Su principal característica era su educado toque de balón, con el cual le puso unos certeros pases de gol a Cuauhtémoc Blanco. ¡Los famosísimos dardos envenenados!
Cuando Temo se fue a Europa, le heredo el gafete de capitán y con Manuel Lapuente en la dirección técnica de las Águilas fue rescatado del marasmo donde todo el conjunto americanista había caído en el año 2001, en aquella época cuando separaron del equipo a Duilio Davino, Fabián Estay y Braulio Luna. Se decía que el siguiente en ser apartado del primer equipo para mandarlo a la sucursal de Primea A -el Real San Lui-s, era justamente Pardo. Pero la ayuda del ex entrenador de la selección mexicana fue determinante para que Pavel resurgiera del hoyo donde había caído y que le costó quedar al margen del Mundial de Corea y Japón 2002.
Lo primero que el técnico de la capucha hizo fue hacerlo capitán del equipo. Y así es como Pardo volvió a subir su nivel de juego y en la temporada Verano 2002 fue campeón de Liga luego de que las Águilas habían pasado 13 años de sequía. Fue tal su entrega en la cancha, que esa inolvidable tarde del 26 de mayo en el estadio Azteca cuando el América derrotó al Necaxa 3-0, salió lesionado, medio conmocionado por un choque, y cuando él como capitán recibió el trofeo de campeón, no sabía qué pasaba.
Para entonces, Pavel ya era muy querido por la afición azulcrema y de 2002 a 2005 siguió en ascenso, y en el Verano 2005 ahora de la mano de Mario Carrillo volvió a disfrutar las mieles del éxito al salir campeón de liga otra vez. Y le siguió el titulo de Campeón de Campeones.
El premio a su esfuerzo fue la convocatoria al Mundial de Alemania en 2006 donde fue visto por gente del Stuttgart de Alemania a donde se fue a jugar al terminar su buena actuación en la Copa del Mundo.
Mientras él estaba en Alemania, al América no le fue nada bien, y fue reclutado de nuevo para pasar los últimos años de su carrera en México, a partir del Clausura 2009 y hasta el Clausura 2011 cuando partió a Estados Unidos a retirarse con el Chicago Fire.
En su estancia con el América anotó 30 goles en más de 400 partidos oficiales y dejó un grato sabor de boca, ya que siempre lo dio todo, desde que llegó “bebe” hasta cuando salió siendo adulto, ídolo y referente. De la gente que no nuca se olvia uno... Y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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El infravalorado Raúl Rodrigo Lara.

Cuando Juan ‘Cheche’ Hernández anotó al Cruz Azul a los seis minutos el primer gol del América en la final de Liga 88-89 y corrió eufórico a la grada de un enloquecido estadio Azteca, me llamó mucho la atención que quien primero fue a felicitarlo estallando en júbilo fue el chamaco recoge balones del partido, y se abrazaron con una empatía absoluta.
“¡Qué suerte tiene ese niño!” pensé.
Un año después, el 19 de septiembre de 1990, en el estadio Luis ‘Pirata’ Fuente de Veracruz, durante el torneo de Copa 90-91, -que en su reglamento tenía la peculiaridad de que los equipos debían alinear en cada partido a dos jóvenes de categorías inferiores- se da el debut de un futbolista que ningún aficionado tenía en el radar, Raúl Rodrigo Lara Tovar.
¿Quién era Rodrigo Lara?... Pues ni más ni menos que aquél chamaco suertudo que feliz de la vida abrazó y festejó con Juan Hernández el gol en la final contra la Máquina Cementera un año atrás. Ahí todo cobró sentido.
Magnifico medio de contención surgido de fuerzas básicas, entró a substituir a Isaac Terrazas –otro novel jugador en dicho torneo- cuando el América perdía 0-3 contra los Tiburones Rojos al medio tiempo. No sabemos cuáles fueron las instrucciones que recibió del técnico Dragoslav Šekularac, serbio que a duras penas hablaba castellano. Pero lo que sí sabemos, es que después del complemento, las Águilas ganaron ese juego copero 4-3.
¿Talismán?, puede ser. ¿Suerte? Tal vez. No era fácil ganar en Veracruz como visitantes y menos aún anotar cuatro goles en 45 minutos. El América lo hizo y con Lara en la cancha. Fue un debut inolvidable para el adolescente que tenía en el momento de debutar 17 años, 6 meses y 20 días, siendo con eso, uno de los 10 futbolistas más jóvenes en debutar oficialmente en la historia del Club América.
Ahí empezó el largo camino de Larita, que forjó una historia propia, de clase, orgullo, y calidad. Fue el primero de sus 387 partidos oficiales en el América. Es el prototipo del jugador ideal para el cuadro de Coapa: nacido en el nido águila, con clase futbolística y con el don de líder que todo jugador que lleve en sus venas la sangre americanista, debe tener.
Tuvieron que pasar dos torneos de Liga completos, 90-91 y 91-92 para que con el cambio generacional, Lara tomara la alternativa finalmente de ser titular. Y esa se la dio el técnico brasileño Paulo Roberto Falcao, que en su triste y terrible gestión al mando del América, fue lo único bueno que hizo. Ya sin Cristóbal Ortega en el equipo, a las Águilas les urgía el medio de contención que hiciera una labor similar a la de la leyenda azulcrema.
Esa 92-93 Lara disputó 31 partidos en Liga y 6 de Concacaf, en la cual salió campeón. Casi nada. En su primera campaña como titular, se corona internacionalmente, a lado de figuras consagradas mundialmente como Hugo Sánchez y Oscar Ruggeri y compañeros americanistas de gran talento como Luis Roberto Alves ‘Zaguinho’, Germán Martellotto, Gonzalo Farfán y el propio Juan Hernández, aquél que Lara veía como ídolo unos años atrás.
Empezó ahí una larga carrera del mediocampista, no solo en el América sino en la selección Nacional, tanto juvenil, como olímpica y mayor.
Juegos Panamericanos en Mar del Plata en 1995, Juegos Olímpicos en Atlanta 1996, Copa del Mundo en Francia 1998 así como Copas América, Copas Oro y eliminatorias mundialistas figuran en su currículo.
Y fue justamente en una de esas eliminatorias, jugando en Panamá, cuando él solo y por culpa de una cancha infumable, se rompió la rodilla y se puede decir que fue el principio del fin.
Le costó regresar en un primer plano, pero le alcanzó para lograr lo que toda su carrera había deseado, había añorado: ser campeón de Liga con el América, situación que por fin se dio en el Verano 2002.
Casualmente, desde que abrazó a Juan Hernández en 1989 en aquella final contra Cruz Azul, el América no volvió a disputar otra final más hasta mayo de 2002, cuando le ganaron épicamente al Necaxa.
Inolvidables momentos como americanista vivió Raúl Rodrigo Lara, como cuando por tratar de despejar un balón con la cabeza, José Antonio ‘Tato’ Noriega del Monterrey le dio una patada en la de pensar y el pánico se hizo presente esa noche de lunes en el estadio Azteca cuando tuvo que salir en ambulancia rumbo al hospital no sin antes haber convulsionado en el terreno de juego.
O cómo olvidar cuando el América tuvo que jugar el 9 de abril de 1998 en Brasil contra el Vasco da Gama un partido de Copa Libertadores y ¡al día siguiente! tuvo que disputar contra Toros Neza en Ciudad Nezahualcóyotl un cotejo de Repechaje del torneo de Verano 1998. El ‘6’ fue el único jugador americanista que vio acción en los dos duelos.
También es imposible olvidar cuando estuvo a punto de agarrarse a trompadas con Ricardo Lavolpe, entrenador del Atlas y ex técnico americanista, -quien en su paso por las Águilas en 1996 no trató muy bien a los jóvenes como Lara- y se burló del América en un partido en el estadio Jalisco.
Pero lo más importante de Raúl Rodrigo Lara fue esa labor silenciosa en el terreno de juego, cumplidora al ciento por ciento, ese liderazgo que lo distinguió sobre sus demás compañeros y que lo llevó a ser muchas veces el capitán del equipo. Un auténtico americanista de pies a cabeza 24/7, de los que ya no hay, de los que extrañamos, esos que muchas veces son infravalorados por no tener los reflectores sobre ellos, pero son al mismo tiempo, los más importantes del equipo. Ojalá y llegue uno como él, y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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Kalusha Bwalya, tocado por el cielo.

Por Héctor Hernández.
Cuando Kalusha Bwalya Chongo llegó a México, era un auténtico desconocido. La incertidumbre se hizo presa de la afición americanista que nunca había contado en sus filas con un futbolista africano, y de golpe y porrazo para la temporada de liga 94-95 tendría a dos. Y el otro, Francois Omam Biyik, era al menos, "alguien más conocido” por haber disputado ya un par de Mundiales con Camerún. Del zambiano no se sabía nada.
Me puse a investigar quién era el flamante refuerzo azulcrema y hubo un detalle que me impresionó: siendo el líder, el capitán de su selección, mientras disputaba la eliminatoria rumbo a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994, no pudo tomar una conexión de avión y se quedó en Europa, por lo que sus compañeros viajaron sin él y lamentablemente la aeronave tuvo un accidente y no hubo sobrevivientes. A Kalusha definitivamente el cielo lo tocó y el destino tenía otros planes para él.
Llegó procedente del PSV Eindhoven de Holanda, hoy nombrado Países Bajos, y donde había salido campeón un par de veces de la ‘Eredivisie’ - la liga de aquél país-.
Se tenía que tener la entereza y el corazón para jugar al futbol después de la desgracia por la que Kalusha pasó y rápidamente Leo Beenhakker lo puso de titular. Sí, de titular siempre, y al decir siempre, es siempre, y fue lo más lógico del mundo ya que el ex entrenador del Real Madrid lo trajo al América.
Era un mediocampista con una clase envidiable y un toque de balón como muy pocos que con su futbol impresionó y maravilló al público en general.
El idioma no fue problema para él, y muy pronto se entendía a la perfección con sus compañeros y con la afición, que gol tras gol, pase tras pase, sudor tras sudor, se enamoró de un futbolista carismático y leal.
Un verdadero crack que anotó 24 goles en 109 partidos oficiales con el Club América que todo lo hacía espectacular, inclusive hasta sus poco errores, como aquél gol que falló ante el Cruz Azul, falla que se hizo célebre, disparando desde fuera del área y pegando el balón en el poste no habiendo portero.
La rentabilidad no es otra cosa que "el resultado del proceso productivo” y Kalusha Bwalya tuvo una rentabilidad absoluta con las Águilas del América, se ganó a la afición, conquistó el otro lado del mundo, donde no se sabía nada de él, y donde se retiró como futbolista profesional .
En el año 2016 fue seleccionado por la afición americanista como uno de los mejores mediocampistas en las historia de las Águilas y su recuerdo, su toque fácil de balón y su actitud engalanaron el Centenario del Club América cerrando así un capítulo en su historia así como en la del equipo... y mientras tanto, que siga rodando el balón, ¡hasta la próxima!
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Biyik, el hombre récord.

Por Héctor Hernández.
El América se quedó en la orilla en la temporada 93-94 y uno de los principales males en la campaña fue la falta de gol de la delantera águila.
Era obvio que para la liga 94-95 vendría una reestructuración en el cuadro y que la primera posición a reforzar sería la del centro delantero. Así que no sorprendió que llegara un “9” a la escuadra de Coapa, lo que sí fue asombroso, fue quien llegó a ocupar esa vacante.
Famoso, mundialista, goleador, camerunés arribó a México ante la sorpresa de todos. François Didier Omam Biyik, aquél que saltó al estrellato mundial cuando le anotó un gol a Nery Pumpido y la selección de Argentina en el partido de la inauguración de la Copa del Mundo Italia 90’ y le abolló la corona a la, en ese momento, campeona vigente.
Era un centro delantero capaz y mortal. Y la falta de dominio del castellano la compensó con goles: los hizo por todos lados y de todas formas, de cabeza, de izquierda, de derecha, dentro del área, fuera de ella. Llegó junto con Kalusha Bwalya de Zambia y ambos formaron un dúo que la afición azteca bautizó como 'Las Abejas Africanas'.
Y éstas abejas se juntaron con los mosquitos mexicanos y formaron un verdadero trabuco, en el cual, la estrella fue el de Camerún.
En su estancia marcó 61 goles en los 94 partidos oficiales que disputó con los americanistas, además, de significarse por conseguir dos récords, que siguen vigentes con el América.
El primero, es el de anotar en once partidos seguidos. La maravillosa cosecha empezó en la jornada 5 contra el Cruz Azul en un empate a un gol. Luego vinieron Morelia (jornada 6), Atlante (7), Correcaminos (8), Tigres de la UANL (9), Toros Neza (10), Guadalajara (11), Veracruz (12), Puebla (13), Pumas de la UNAM (14) y T.M. Gallos Blancos (15) para sumar las once fechas consecutivas anotando al menos un tanto.
Y la segunda marca, la que es la más difícil por no decir imposible de igualar -teniendo en cuenta que ahora se juegan torneos cortos- es la de ser el máximo anotador en una sola temporada en la historia del América al marcar 33 goles en el torneo regular. Una cifra verdaderamente de escándalo si tomamos en cuenta que de las 17 veces que los americanistas han tenido en sus filas al Campeón de Goleo, los que más veces anotaron en toda la temporada fueron Enrique Borja (71-72) y Osvaldo Castro “Pata Bendita” (73-74) con ¡26 tantos!
Tristemente por cuestiones ajenas a él y al equipo, no pudo coronar su brillante, maravillosa actuación con un título pero lo realizado confirmó por qué era catalogado como un verdadero crack a nivel mundial cuando llegó.
A la muerte de don Emilio Azcárraga Milmo en 1997 vino otra reestructuración en el América y a Biyik le tocó salir pero el cariño que la gente siente por él es infinito, porque además de comportarse como auténtico profesional, desquitó todo lo que el club pagó por él y gracias a su persona, los aficionados vivimos una época muy difícil de olvidar, tanto que años después tuvo un partido de homenaje jugado en el estadio Azteca, donde se reencontró con sus antiguos compañeros, la afición que tanto lo quiso y con sus goles.
Biyik, nunca se fue… y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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Toño de la Torre, el péndulo del lunar.

Por Héctor Hernández.
Cuando se enfrentaron los Cremas del América y los Pumas de la Universidad Nacional en las temporadas 72-73 y 73-74 llamó mucho la atención la extraordinaria marca que el mediocampista de contención universitario hizo sobre el cerebro americanista, Carlos Reinoso. Prácticamente no le dejó hacer nada en esos compromisos, y detener al crack chileno si era una verdadera hazaña. Por lo mismo el entrenador de los Millonetas José Antonio Roca no dudó en hacer una petición a su mano derecha, el secretario técnico Panchito Hernández: “Quiero a De la Torre con nosotros”.
Ahí empezó el camino de Antonio de la Torre Villalpando en el Club América. Desde antes de llegar al equipo, ya se hablaba de él, inclusive durante la misma campaña 73-74 en la revista oficial de los Cremas, “Fibra América” se comentaba lo importante que sería incorporar a la sensación de los Pumas y de la Selección Nacional al cuadro de Coapa.
No fue fácil, nada fácil. La Pandilla del Monterrey también lo quería, y pujó fuerte por él. Pero a diferencia de hoy día, en aquellos años de los setentas, el América tenía muchísimo más poder adquisitivo que el equipo que jugaba en el Tecnológico y finalmente, para nuestra fortuna, Toño llegó a Coapa para beneplácito de todos los americanistas. Y fue algo que le cambió la vida.
Se distinguía por su enorme capacidad física y ese fondo que lo hacía correr de aquí para allá, ir y venir sin siquiera inmutarse. La dinámica que todo jugador quisiera tener. Visualmente llamaba la atención un enorme lunar que tenía en la parte posterior del muslo derecho, imposible no notarlo.
Y aquí en América, a diferencia de tener que marcar al mejor medio del futbol mexicano, iba a jugar con él. Y no solo con él, con grandes figuras que a la postre lo ayudarían a ser mejor futbolista del que ya era.
Creció y tuvo mucha mayor exposición y eso le sirvió mucho, pues a lado de cracks de primer nivel aprendió mucho, mejoró su técnica individual y siguió siendo ese jugador que estaba en toda la cancha.
Disputó 305 partidos oficiales con el equipo desde la temporada 74-75 en su debut en la jornada 1 contra los Leones de la Universidad de Guadalajara –todavía no eran “negros”- hasta la 81-82 en que salió definitivamente luego de haber ido a Los Angeles Aztecs seis meses prestado en 1981. Su despedida fue ante los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo en el juego de ida de la semifinal 81-82, aquél partido que perdimos 2-0 el Universitario y que en la vuelta en el Azteca, el gol de Javier Aguirre fue insuficiente para acceder a la final.
Anotó 50 goles, que para un medio de contención -que fue donde más jugó-, son muchísimos. Sus características eran tan buenas, que muchas veces le permitía al equipo jugar con otro medio pivote -como hoy se les conoce- para que así el Péndulo, como magistralmente los bautizo Ángel Fernández le diera el equilibrio al equipo empezando por un punto fijo –la media cancha- y oscilara libremente, hacia un lado y al otro, cosa que siempre hizo de maravilla.
Ganó dos premios Citlalli, en la 74-75 como jugador más caballeroso y en 75-76 como mejor medio de defensivo, además de haber sido seleccionado nacional siempre, desde las primeras eliminatorias a la Copa del Mundo Argentina 78, luego el Pre Mundial México 77’ y llegar a la cita mundialista en las ciudades de Rosario y Córdoba, cosa que le dejo varias enseñanzas debido al pésimo funcionamiento del equipo tricolor, que cayó estrepitosamente ante Túnez, Alemania y Polonia.
Pero de las derrotas se aprende y regresó más maduro, más hecho, más líder y en la 78-79, ante el inesperado retiro de Carlos Reinoso, se convirtió en el capitán azulcrema, gafete que le heredó a Alfredo Tena poco antes de finalizar la temporada 80-81.
Toño lo ganó todo con el América: empezando por el cariño de la gente, lo más importante, así como ese mismo sentimiento pero de sus compañeros. Y que decir de sus demás logros, los colectivos, donde fue campeón de Liga 75-76, de Campeones 75-76, de Concacaf 1977 y Copa Interamericana 1978. ¡Ah, y por si faltaba, también fue subcampeón de Copa 75-76!
O sea que el nacido en Lagos de Moreno, Jalisco, el 21 de septiembre de 1951 y que hizo su debut profesional con los Pumas en 1971 a los 20 años, disputó como Americanista, la final de cada una de las competencias oficiales que había: Liga, Copa, Campeón de Campeones, Concacaf y Copa Interamericana. Pocos tiene ese récord, y pocos fueron como el gran Toño de la Torre, el Péndulo del lunar, el profesional intachable. Falleció el 2 de agosto de éste 2021 y nosotros los americanistas, siempre recordaremos su entrega, sus goles, su clase y por supuesto, su don de gente… y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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Ese maldito número 10

Por Héctor Hernández (@Realidadamerica)
La numeración fija en México empezó en la temporada 78-79. Antes de ese momento, siempre las alineaciones eran corridas, del '1 al 11'. Para el torneo que comenzó después del Mundial en Argentina 78’, los federativos decidieron que adoptarían la numeración ‘tipo Mundial’, es decir, cada jugador llevaría de ahora en adelante un número en particular, durante toda la competencia.
El primer ‘diez’ azulcrema bajo esta nueva norma fue el recién contratado Javier ‘Hijín’ Cárdenas, mediocampista del Toluca, recientemente mundialista y figura indiscutible en ese momento del futbol mexicano. Llegó con bombo y platillo a Coapa y le dieron el número 10, que en aquel entonces significaba poco o nada. Resultó un fracaso absoluto. Nunca entendió lo que Raúl Cárdenas quería de él en la cancha, rápidamente dejó de ser titular y tuvo algunos malos detalles en el vestidor. Salió del equipo para la siguiente temporada. Reprobado.

El siguiente número 10 del América fue curiosamente Cristóbal Ortega, en aquella época extremo derecho y a quien José Antonio Roca le vio cualidades para jugar como medio ofensivo en el partido de la final de vuelta de la Copa Interamericana 79', contra el Olimpia de Paraguay en el estadio Defensores del Chaco, previo al inicio de la liga 79-80, de manera que el nuevo técnico crema decidió darle 'el diez' (pensando en que lo utilizaría en media cancha -cosa que no pasó finalmente-) y que solo utilizó ese año. Aprobado.

El tercer ‘diez’ fue el joven argentino Rubén Omar Romano que había llegado a la mitad del torneo anterior para suplir a José Dirceu Guimaraes que había sido vendido y en la nueva temporada, la 80-81 fue acreditado con el 10. Chamaco con grandes cualidaes pero inexperto, nunca pudo con lo que Roca quería de él y salió a mitad de temporada. Reprobado.

Finalmente se da el primer número 10 longevo y el jugador que más años utilizó esa camiseta: el argentino Eduardo Bacas, tricampeón, que llegó para la 81-82 y durante seis temporadas de éxitos permaneció en el equipo, siendo su última la 86-87. Un mega crack. Aprobado.

Las desgracias siguieron con ese mentado número cuando en la 87-88 el crack y mundialista peruano Julio César Uribe, un magnífico jugador y pésimo compañero tuvo muchos desencuentros tanto en los entrenamientos como en los partidos con otros jugadores americanistas y decidió irse, así porque sí, a la mitad de dicho torneo. Eso sí, el angelito mando un fax seis meses después cuando se enteró que el América había sido campeón, exigiendo su premio. No recibió nada. Reprobado.

El próximo número 10, en la 88-89 sería el brasileño Carlos Seixas, que fue reservista, irregular y tuvo poca participación. Lo mejor que hizo, fue en la Liguilla contra Guadalajara y los Tecos de la UAG pero en el balance final, no estuvo a la altura. Reprobado.
¡Por fin! el América tendría otro número diez que cumplió y sin lugar a dudas, fue el más técnico y mejor dotado de técnica individual que todos aquellos jugadores que han portado ese dorsal desde que se implantó la numeración fija: el brasileño Eduardo dos Santos, mejor conocido como ‘Edú Manga’. Célebremente recordado por su glorioso pase de rabona a Toninho en una semifinal contra el chiverío. Campeón de Concacaf y Copa Interamericana, goleador en la 89-90, el seleccionado de Brasil era un crack, en toda la extensión de la palabra. De la 89-90 hasta la 91-92 nos maravilló con su juego. Aprobado.

Le siguió un argentino extraordinario, Germán Martellotto que desde la 92-93 hasta la 94-95 en que unos directivos sin escrúpulos lo corrieron. Fue el goleador del equipo en su primera temporada con más de 20 goles. Aprobado.

Desde la 95-96 hasta el Verano 97’ Luis García Postigo tuvo una aceptable actuación en el américa portando el número 10. Metió los suficientes goles para ser el goleador del equipo en la 95-96, Invierno 97' y Verano 97'.Aprobado.

Para el Invierno 97’ y Verano 98’ llegó un argentino con una técnica individual como muy pocos pero flojo como casi nadie. No pudo ni ser titular indiscutible. Leonardo Rodríguez, seleccionado de su país, fue un petardo en México. Reprobado.

Para el Invierno 98’, Carlos Reinoso, entrenador del América repatrió a Cuauhtémoc Blanco que había sido mandado al Necaxa un año antes. Regresó luego de madurar con los Rayos y tener un maravilloso mundial en Francia 98’. Le dieron el número 10, lo convirtieron en punta y tuvo su mejor temporada como americanista. Fue campeón goleador ese torneo y se afianzó como un crack pese a sus indisciplinas. Salió en para el Invierno 2000. Aprobado.

Fabián Estay heredo el número 10 luego de utilizar el 20 cuando llegó al América. Se fue Blanco y a su partida el mundialista chileno utilizó esa casaca. Lo hizo con dignidad y por problemas con el presidente Pérez Teuffer, más no por bajo nivel de juego salió en el 2001. Hasta capitán era. Aprobado.

Excelente le fue al argentino Hugo Norberto Castillo los seis meses que portó el número 10 en el Verano 2002. Inclusive anotó el gol del título. Aprobado.

Regresó Cuauhtémoc Blanco de 2002 hasta el 2004 y volvió a utilazr el número 10. Salió para el Apertura 2004.
La temporada Apertura 2004 fue una de las peores del América y también uno de los peores personajes con el número 10. Djalma Feitosa Dias, mejor conocido como Djalminha vino a intentar robar y se fue luego de un mes de estar en México. Reprobado.

Una vez más, Cuauhtémoc Blanco fue perdonado por la directiva americanista luego de su escándalo en la Copa Libertadores contra el Sao Caetano y recobró su número 10 hasta el 2007.
Del Apertura 2007 al Clausura 2009 nadie utilizó ese número que estaba “retirado” en honor a Blanco. El retiro del número duró poco.
Para el Apertura 2009 y el Bicentenario 2010 Salvador Cabañas el crack goleador y mejor extranjero americanista en el siglo XXI fue quién utilizó ese doble dígito. Aprobado.

Uno de los peores números diez, si no es que el peor lo utilizó del Apertura 2010 hasta el Apertura 2012. Daniel ‘Rolfi’ Montenegro, con buena técnica individual pero flojo, poco comprometido y distraído, estuvo trotando por las canchas del futbol mexicano algunos años. Reprobado.

A partir del Clausura 2013 y hasta el Apertura 2016 Osvaldo Martínez, paraguayo y multicampeón en México portó con orgullo, dignidad, entrega, sacrificio y clase el número 10. Ganó en el América todo lo que pudo ganar, hasta el Balón de Oro al mejor medio defensivo. Jugadorazo. Aprobado.

Con los pésimos reclutamientos de la directiva águila llegó el paraguayo Cecilio Domínguez, con bombos y platillos y resultó igual de zángano que Daniel Montenegro. Y peor aún, ya que estaba “desconcentrado” por problemas personales. Mucha técnica individual y fiasco de profesional. Reprobado.

A la salida de Domínguez, llegó al América en el Apertura 2019 Giovani dos Santos, que de empezar su carrera en el Barcelona fue bajando de escalafón de equipos - y ligas- para terminar con las Águilas. Y pasó lo que tenía que pasar. No terminaba un partido ni por error. Le fue igual que en sus demás clubes, salió por la puerta de atrás, ya que además de las continuas lesiones, su afición a la vida nocturna no lo dejó en paz. Reprobado.

El jugador número 20 en haber utilizado el número diez en el Club América desde que se implantó la numeración fija fue el jugador de Fuerzas Básicas, ÚNICO EN EL FUTBOL MEXICANO ACTUAL en manejar a la perfección los dos perfiles y con gol: Sebastián Córdova. Luego de haber cumplido en temporadas pasadas, misteriosamente al haberle sido otorgado ese par de dígitos para su espalda, firmó su sentencia de destierro. Resultó apático, ya que siendo un gran futbolista y con grandes cualidades, no pudo con la presión, esa misma del famoso número ‘10’. Le pesó tanto la prensa como la afición, que hay que decirlo, no se cansó de cuestionarlo desde el mismísimo primer minuto en que jugó con ese número. Empezó a distraerse mucho y al final del día hasta la titularidad perdió. De haber cumplido anteriormente con el número diez fue lo contrario. Reprobado.

¿Quién será el siguiente valiente en utilizar ese número? Lo sabremos pronto, pero desde aquí le envió mi solidaridad y buenos deseos, que Dios lo agarre confesado porque por una cosa o por la otra, quien porta ese jersey en con las Águilas tiende a fracasar, a ser molestado por la 'nueva afición americanista' e incluso, a tener mala suerte; y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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“La verdadera afición americanista”: Santiago Baños

Por Héctor Hernández
"La gente tiene derecho a manifestarse en redes sociales, creo que la verdadera afición americanista lo que quiere es que el equipo levante la 14* (SIC), no creo que le interese quién es el presidente o el director técnico o quiénes son los jugadores que nos representan dentro de la cancha. La verdadera afición americanista quiere títulos y en eso estamos enfocados hoy en día y seguiremos así por el objetivo principal.”
Si usted, querido amigo, piensa que esa hermosa y célebre declaración salió de la boca de algún integrante de una Barra americanista, de algún asistente frecuente a la platea del Estadio Azteca, a un personaje que con su Membresía Azulcrema tiene su asiento designado en el Coloso de Santa Úrsula o de un recalcitrante aficionado de sillón del Club América, de esos que jamás se pierde un partido… pues está equivocado.
El tal vez -quítele el ‘tal vez’- el más cuestionado presidente americanista en los últimos 70 años, Santiago Baños Reynaud le puso otra rayita más al tigre en una desafortunadísima rueda de prensa, por motivo de la presentación de los nuevos jugadores (no refuerzos, eso se verá al final de temporada) del equipo de Coapa.
Aquí no pretendo medir la competencia o incompetencia de Baños en sus funciones como la persona que toma la decisión (aparentemente) en los temas financieros, operativos y administrativos, mucho menos en los deportivos del equipo.
Hablaré de lo visto y vivido. No recuerdo jamás haber escuchado a don Guillermo Cañedo de la Bárcena, Emilio Diez Barroso, Pablo Cañedo, Alejandro Orvañanos, Raúl Quintana, Javier Pérez Teuffer, Guillermo Cañedo White, Michel Bauer o a Ricardo Peláez cuestionar a la afición, catalogarla y descalificarla como el hijastro de Othón Vélez, - quien fuera brazo derecho de don Emilio Azcárraga Milmo en Televisa- lo hizo ésta mañana.
Evidentemente el hombre trae la presión a tope, hasta arriba. Ser presidente del América no es fácil, y menos en estas épocas que donde se conjugan dos elementos importantes que juegan en su contra: las Redes Sociales y los pocos éxitos deportivos –por no decir nulos- del equipo en tiempos recientes.
Solo Baños y quién lo puso ahí sabrá por qué lo pusieron ahí. Pero ya estando donde está, no debe únicamente tratar de hacer bien el trabajo, sino debe saber coordinar boca y cerebro antes de emitir una triste opinión públicamente.
NO puede salir a decir NADA DE LA GENTE que es la que le da de comer a él y a todo lo que representa el Club América. Sin afición, NO EXISTIRÍA el Club América, y los aficionados tienen todo el derecho en estar enfadados con lo que parece una gestión que no va de la mano con los resultados que éste hermoso e histórico club demanda.
Las Redes Sociales llegaron para quedarse, y todos estamos en la mira, y Santiago Baños más. En su contra juega el hecho de que él es americanista reciente y por necesidad, porque es su trabajo. La afición es americanista por gusto propio y desde siempre.
Entonces alguien que NO ES UN VERDADERO AMERICANISTA, -genuino, pues- está totalmente desacreditado para venir y dárselas de mártir e intentar hacer diferencia entre la afición. Como él mismo lo dijo hoy, ya el tiempo dirá como se catalogará su función. Pero una cosa es un hecho, siempre será recordado como el Presidente, que sin ser americanista de nacimiento, polarizó a la afición en su contra, por ‘x’ o ‘y’ razones.
Todos queremos que el América sea campeón, aunque eso implique que Baños siga y siga en el puesto muchos años más. ¡Pero que sea campeón!, y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
*Club América, 17 veces campeón de liga en la historia del torneo organizado de futbol en México.
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#ElPlacerDeAprender
¿Y tú que estabas haciendo hace 25 años?

Por Héctor Hernández
El 28 de junio de 1997 en los Estados Unidos, el boxeador Mike Tyson fue descalificado por arrancarle un trozo de oreja al boxeador Evander Holyfield. Fue un escándalo en el mundo. Y lo recuerdo perfecto porque mientras yo veía en la televisión la pelea, acaba de mandar mi primera publicación para un nuevo proyecto: La Realidad Americanista.
Gracias a la iniciativa de Salvador Morales quien tiempo antes me escribió y me dijo “me gusta como escribes y te expresas en redes, ¿quieres que hagamos una página web del América?”, empezó esto.
“Yo la administro y tú me manda el contenido” me dijo. “Tú le pondrás el nombre a la página, a tú antojo”. Y le dije, se llamara REALIDAD AMERICANISTA, porque yo no me ando con medias tintas, mis padres me enseñaron a ir de frente y decir todo lo que tenga que decir, sea bueno o malo.
Y así fue como mi primera columna fue sobre los nuevos refuerzos americanistas para el torneo invierno 97, Duilio Davino, Ricardo Peláez, Alberto García Aspe, Sergio Zárate y el retorno de nuestra leyenda, Luis Roberto Alves ‘Zaguinho’.
Al poco tiempo, empezó el torneo y comencé con la sección que más he amado, desde siempre: ‘Lo bueno, lo malo y lo feo’. Fue un partido en Querétaro, que perdimos 2-3 jugando como locales ante el León, el 26 de julio de 1997. Esa vez la alineación que Jorge, el ‘Indio’ Solari mandó a la cancha fue con Oswaldo Sánchez; Isaac Terrazas, Raúl Gutiérrez, Andrés Silva, Marco Antonio Sánchez Yacuta; Raúl Rodrigo Lara (Oscar Pantoja), Germán Villa, Alberto García Aspe (Duilio Davino), Leo Rodríguez (Christian Patiño); Ricardo Peláez, Zaguinho. Ellos fueron los que se llevaron mis primeras calificaciones en la Realidad Americanista.
Antes, ya lo hacía yo en el foro de ESPN, donde Salvador me conoció y contactó. Poco tiempo pasó y él no se pudo hacer cargo de la administración de la página y decidí tomar la batuta. Encargarme de todo.
Vino un periodo de preparación, cursos de diseño, de programación, de lenguaje, diplomados, muchas fallas pero siempre aprendiendo algo nuevo todos los días, tanto tecnológicamente como editorialmente. Capacitándome día a día, estudiando, leyendo, recordando. La hemeroteca es mi tercera casa (la segunda, el Estadio Azteca).
La Realidad Americanista es como un hijo para mí, y gracias a ella, me han salido cualquier cantidad de trabajos, proyectos, colaboraciones, entrevistas pero lo más importante: me ha acercado a la gente, que como fue mi intención desde el día uno, era lograr que los americanistas de cepa estuvieran siempre bien informados.
Soy pionero en México en cuanto a páginas web de futbol se refiere. Hoy en día las cosas han cambiado, evolucionado. Es otro mundo. Es el planeta de las Redes Sociales en donde todos y a cualquier hora estamos informados. Deje de ser la “fuente electrónica” del América hace mucho, porque hoy cualquiera puede escribir desde un celular e informar o mal informar. Pero la Realidad Americanista sigue, con esa misma filosofía y misión que ha tenido desde el día uno, hoy hace 25 años, un cuarto de siglo: darle cabida y espacio a todos los ex jugadores americanistas, que a lo largo de 105 años han sudado la gota gorda vestidos de azulcrema.
De aquél niño que por primera vez ganó un concurso público de futbol con el maravilloso Xavier López ‘Chabelo’ en 1973 a éste hombre de familia que hoy soy ha habido muchos cambios, buenos y malos, pero lo único que no ha cambiado es mi pasión y mi amor por los colores que me representan: azul y crema.
Realidad Americanista sigue y seguirá siendo la única hemeroteca en línea, de los Cremas a las Águilas. Y la pregunta que te hago es, ¿tú que estabas haciendo hace 25 años?... mientras tanto, qué siga rodando el balón, ¡hasta la próxima!
Los invito a ver unas fotos de la historia de Realidad Americanista


























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Fanny Munguía, sencillez y picardía para la posteridad

Fanny Munguía, sencillez y picardía para la posteridad
Por Héctor Hernández
Una mañana de agosto de 1985, muy temprano en la universidad, mi gran amigo Pablo Herranz me preguntó si lo acompañaba a su entrenamiento. Estábamos en una clase de sociología, aburrida y lenta, que daba para poder platicar. “Hoy tenemos interescuadras” me dijo y yo sin dudarlo un segundo le respondí afirmativamente. Mi cita de trabajo tendría que esperar, no iba a perderme una práctica de mis “Águilas” y menos un interescuadras en primera fila, justo previo a un Clásico de Clásicos. Salimos rápido de la Ibero y nos dirigimos a la Calle del Toro número 100. Al llegar, se dirigía al vestidor a cambiarse y en el camino nos topamos con un menudito y chaparrón personaje.
“Buenos días Pablo”, dijo él,
“Buenos días “Fanny”, él es Héctor”, contestó mi amigo…
“Mucho gusto Héctor, nos vienes a ver sudar” me dijo “Fanny”, a lo que conteste, “los vengo a ver triunfar”, y los dos futbolistas contestaron, “uf, no será fácil” y se metieron a cambiar.
Ambos serían parte del equipo de suplentes, uno donde había varios chavos –como ellos-, destacando Guillermo Naranjo y Víctor Orihuela, además de Miguel Ángel Quintana y Sergio Vázquez quienes también entraron unos minutos. La sorpresa que no imaginaron fue Daniel Brailovsky jugaría con ellos, debido a que no estaría contra el chiverío por estar suspendido. Y con el crack argentino al comando no fue “tan difícil” el encuentro para los reservistas que dieron mucha pelea. Del lado de los que se pusieron la casaca, recuerdo, como si hubiese sido ayer, que estuvieron en la media el propio Pablo junto al “Ruso” y Jorge Martínez. La delantera estaba integrada con Ramón Ireta por la derecha, Gonzalo Farfán por el centro y nuestro “Fanny” por la izquierda. Fue un juegazo que ganaron los titulares con goles de Ricardo Peláez, Lalo Bacas de penalti y Juan Antonio Luna. Brailovsky, que sin saberlo todavía, jugaba uno de sus últimos interescuadras en México, anotó los dos tantos de los suplentes, uno de ellos en una triangulación justo con Pablo y el “Fanny”, como si se hubieran puesto de acuerdo para darme gusto, ya que los veía a medio metro, justo atrás de la portería, recargado en esa reja verde de alambre de metro y medio que limitaba la cancha, por lo que se contemplaba todo de forma espectacular.
Terminó el partido y se metieron a cambiar, por lo que me tocó esperar a que Pablo saliera. Y me quedé sentando, ahí en una de esas míticas bancas con los nombres de Enrique Borja y Carlos Reinoso. Los futbolistas fueron saliendo uno a uno y mi amigo no lo hacía. En eso llegó “Fanny” y cual sería mi sorpresa que se acercó a platicar conmigo.
“¡Casi ganan!” le dije,
“Nos diste suerte, ven a vernos más seguido, a ver si así me mete –refiriéndose a su entrenador-” dijo Munguía, a lo que le respondí que encantado. Ni él ni yo sabíamos que prácticamente en un mes la vida cambiaría para muchos y el destino le tendría deparada una sorpresa.
“Ya me voy, no tarda Pablo, lo anda regañando el “Zurdo”, dijo en son de broma y nos despedimos. En el camino de regreso, le comente a Pablo lo bien que me había caído el “Fanny”, sencillo y pícaro. Me quedé con una gratísima impresión a lo que Herranz me dijo que era cierto.
Efraín Guadalupe Munguía García nació el 12 de diciembre de 1962. Empezó jugando a los catorce años en el Deportivo Los Galeana en un equipo del barrio llamado La Paz. Sus compañeros le decían “el Bustos”, por su enorme parecido en el terreno de juego con la leyenda cementera Fernando Bustos. Al poco tiempo en el Deportivo Coyuya alguien lo bautizó como “Fanny”, y ni el mismo supo a ciencia cierta quien fue. “Solo sé que de la noche a la mañana todos me decían así”, confesó en una entrevista.
Jugando en el Coyuya, fue llamado por Joaquín Paz Salinas, ex jugador del extinto Osos Grises de la Segunda División, para integrarse a un equipo que competiría en el IX Torneo de los Barrios, en el año de 1981. La Ola Naranja era el nombre de ese conjunto que llegó a la final que se disputó en la cancha del Estadio Olímpico en C.U., como preliminar de la finalísima de Liga 80-81 entre los Pumas de la Universidad y los Cementeros de la Cruz Azul.
El rival de los “naranjas” fue el América, que era dirigido por José “Cocodrilo” Valdés, y que al notar las características y habilidades del “Fanny” lo invitó a probarse en el América. Antes de aceptar, Efraín se fue a jugar a la Liga Española con el Mallorca, y después con el Galicia. Es ahí cuando decide ir al América a probarse, y al poco tiempo el entrenador Roberto “Monito” Rodríguez le hizo ver que no había posibilidad de una paga -“ni para los transportes”-, por lo que decidió regresar al equipo de la Liga Española, cuadro con el que compitió en el Mundialito de Emigración en España, donde quedaron en tercer lugar.
Su padrino, más bien su ángel en el Galicia, Miguel Álvarez Junco recibió muchas propuestas por Munguía, inclusive de equipos como Las Palmas y Betis, ambos equipos en Segunda División española en ese momento, así como del Toluca y el propio América.
De ésta manera es como “Fanny” llega ya contratado directo a las reservas profesionales del América en la temporada 82-83 –esto es sin haber sido parte de las Fuerzas Básicas-; para la siguiente temporada fue promovido al primer equipo donde únicamente entrenaba con ellos, pero participaba con el conjunto reservistas en el torneo Nacional de Reservas.
Fue Carlos Reinoso como su entrenador quien lo llamó y le dio la alternativa, y finalmente en la jornada 1 de la liga 84-85 se dio el momento que siempre espero: su debut en Primera División. Jugando contra el Atlético Potosino ingresó al terreno de juego por Alejandro Domínguez. Fue ese el primero de sus 132 partidos oficiales con el Club América, donde permaneció 7 años y anotó 4 goles.
Cierto, no fueron muchos, porque lo suyo no era anotar goles, sino provocarlos. Fue un talismán para el equipo porque generalmente era utilizado en momentos de suma necesidad. Sin lugar a dudas, su momento de clímax fue aquella final contra el Tampico Madero durante el Prode 85. Como párrafos arriba lo hice notar, el destino le preparó una sorpresa en septiembre de 1985.
Sin ser titular habitual, tuvo que entrar al ruedo y agarrar al toro por los cuernos cuando en el juego vuelta de la final sus servicios fueron requeridos. Había participado en tres encuentros hasta el momento de relevo y uno de ellos fue justamente el duelo de ida donde en el Estadio Tamaulipas la “Jaiba Brava” vapuleó a las “Águilas” 4-1 y lo dejó contra la lona y en terapia intensiva para el juego definitivo en el Coloso de Santa Úrsula tres días después.
Tal vez su actuación y su buena actitud en Tampico o simplemente porque era el as bajo la manga de Miguel Ángel López, pero el “Zurdo” se inclinó por él para iniciar en el cotejo definitorio. El América, ya sin Brailovsky no había podido encontrar la figura que desequilibrara hasta ese momento.
“No sabía que iba a iniciar, en el camión rumbo al estadio el “Zurdo” se levantó de su asiento, se sentó junto a mí y me lo dijo”. El “Fanny” se sorprendió pero se alegró y prometió no defraudar. La situación estaba difícil, ya que las “Águilas” tenían que ir al menos por tres goles para empatar en el marcador global.
La historia todos la conocemos, el veloz, desequilibrante y caracolero extremo tuvo su mejor actuación como profesional, enloqueció a sus rivales y le cometieron dos penales, uno Sergio de los Cobos, el otro José Pilar Reyes y con ello se dio la remontada increíble para el Tricampeonato del América.
Y si en ésta final donde se hizo famoso fue la estrella, su actuación tres años después, en la misma instancia, nada más que ahora contra la Universidad Nacional no fue menos importante. Ahora inclusive con más dramatismo ya que ingresó en la segunda mitad cuando el equipo de Coapa necesitaba imperiosamente anotar dos tantos. Jorge Vieira lo metió por Carlos Hermosillo ya que necesitaba un extremo rápido que encarara, burlara y centrara. Pues bien, medio tiempo le bastó al oriundo del Distrito Federal para volver loco a Horacio Macedo y Miguel España, que se lo comieron a patadas y finalmente le cometieron otro penal. Vino el gol, el nuevo título para los azulcremas y la pregunta fue: ¿Ahora sí, le darán oportunidad al “Fanny” Munguía como titular?
Vio pasar a varios extranjeros, Luis Alberto Acosta, Luis Alberto “Araña” Amuchástegui, Robinson Hernández, Carlos Seixas, Mauricio Pérez con los que abiertamente lo digo, no pasó nada, pero la oportunidad para él no llegó. Fueron pocas las titularidades que tuvo en su carrera profesional. Y eso lo convirtió en más especial todavía.
“Mucho talento se pierde en el barrio” dijo en otra entrevista años adelante, ya cuando como formador y entrenador en su escuela de Texcoco platicó sus anécdotas. Esa frase nos hace reflexionar en la falta de oportunidades que algunas (o varias) veces no tienen los futbolistas mexicanos.
Admirador del “Ruso” Brailovsky y Antonio Carlos Santos por sus formas de jugar, no dudó en bautizar a su hijo como Daniel Alberto. Alfredo Tena y Cristóbal Ortega fueron sus grandes ejemplos en la cancha y fuera de ella. Y sus compañeros, desde que llegó a la reserva profesional en la 82-83 hasta su último torneo en la 89-90 fueron sus aliados. Ganó cuatro torneos de liga: 84-85, Prode 85, 87-88 y 88-89. Dos veces el Campeón de Campeones: 87-88 y 88-89. Y un par de Copas de Campeones de la Concacaf: 1987 y 1990.
Tristemente hoy “Fanny” ya no está con nosotros aquí, abajo. Pero la estrella de Efraín ahí está y estará siempre. Y su legado también. Tuve el placer de convivir con él los últimos dos años a través de un chat de WhatsApp y su ingenio, su típica picardía y sobre todo su sencillez y educación fueron siempre su carta de presentación.
“Entre bomberos no te puedes pisar la manguera” le dijo a Gerza Guerrero y Gaby Barrera, analistas de deportes, americanistas ellos, cuando estos agradecieron el tiempo que les dio. Con esa frase me quedó de él, porque demuestra su solidaridad y sencillez, de siempre.
En paz descansa “Fanny” ya brillas en el cielo.
Mi más sentido pésame a todos sus familiares. Dios los bendiga.
… y mientras tanto, que siga rodando el balón, ¡hasta la próxima!
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